Elizam Escobar es un creador de múltiples facetas: artista plástico, poeta, docente, teórico de las artes, activista político. En efecto, es reconocido como uno de los grandes luchadores de la causa independentista en Puerto Rico, pero sobre todo se le considera uno de los más importantes pintores puertorriqueños.
Escobar es heredero de la tradición figurativa que tiene sus inicios en el siglo XVIII y que prosigue, bajo la marcada influencia del realismo francés y un impresionismo de colores tropicales, con Francisco Oller. Es una tradición que se afirma con la pintura manifiestamente social de los maestros puertorriqueños de la generación de los años cincuenta y que marcará a los artistas posteriores hasta nuestros días.
El aspecto peculiar de la obra de Escobar es que, si bien podemos trazar influencias locales, especialmente la de Carlos Raquel Rivera, su figuración no es de corte “social” y solo en pocas ocasiones se manifiestan directamente sus ideales políticos. No dispuesto a comprometer su libertad creativa con ideologías, Escobar nos ofrece una obra artística que es una palestra para la imaginación y para el análisis de nuestro entorno, paradójicamente bajo la forma un diario íntimo. En este escenario, el de la introspección (de allí el titulo introspectiva), entran y salen con una recurrencia a veces obsesiva, a veces nostálgica, los personajes que pueblan su imaginario: el vejigante ponceño, la modelo, sus compañeros de lucha, pintores internacionales y locales, en fin. Su lienzo es un espacio abarrotado, claustrofóbico, en general sombrío.
Sin embargo, no se trata de una pintura “anecdótica”; los personajes en su mayoría están ensimismados, no hay diálogo, no hay cruce de miradas, la escena está detenida, a la espera de nuestra mirada, la del espectador, para activarse. Esta pintura puede ser entendida como simbólica, pero no porque lo que vemos representa, de acuerdo a una convención más o menos establecida, otra cosa. No. Es simbólica porque necesita o, mejor sería decir, reclama el ejercicio de la interpretación.
La obra de Elizam Escobar es una denuncia simbólicamente expresiva, pero sobre todo una afirmación terca de la vida, la creatividad y, por consiguiente, la libertad en un mundo regido por los dogmas ideológicos. Escobar no se refugia en el arte, él lo experimenta, asumiendo el rigor libertario de la imaginación. Es allí donde radica su responsabilidad, su ciudadanía. Ahora nos queda a nosotros el ejercicio atinado de la interpretación.
Juan Carlos López Quintero
Curador, MAPR









